Recomendaciones Literarias

Hoy navegamos por la Enciclopedia de Mujeres Oliva Sabuco y conocemos a María Francisca Díaz-Carralero Rodelgo, conocida como “La ciega de Manzanares”

Hoy navegamos por la Enciclopedia de Mujeres Oliva Sabuco y conocemos a María Francisca Díaz-Carralero Rodelgo, conocida como “La ciega de Manzanares”

 
Nació en Manzanares (Ciudad Real) el 10 de octubre de 1818, en una familia procedente de Tembleque (Toledo). Sus padres fueron Juan Bautista Díaz Carralero y Francisca Rodelgo. Tenía una hermana diez años mayor de nombre Juliana.
Cuando era muy pequeña quedó huérfana de ambos padres, y a los 6 años quedó ciega.
 
Se encargó de su crianza su hermana mayor. Solía dejar a Francisca sentada frente a la ventana de la escuela de Latinidad de Manzanares, para que al menos la muchacha se entretuviera escuchando lo que allí se decía mientras recaudaba alguna moneda mendigando. Finalmente el profesor de las clases la invitó a que entrara a la escuela a escuchar las clases aunque no pudiera pagarlas .
 
Improvisaba poesías y hablaba en latín con los viajeros que en diligencias hacían parada en Manzanares o que pernoctaban en alguna de las fondas que había en la localidad.
 
Los viajeros quedaban impresionados de que una ciega, con pobres vestimentas, tuviera estas habilidades poéticas y conocimientos de latín y le recompensaban con limosnas. Debía causar una gran impresión ya que son numerosos los viajeros que dejaron constancia por escrito de haber conocido a la Ciega de Manzanares: el famoso novelista francés Alejandro Dumas, el también escritor francés Théphole Gautier, el filósofo inglés Willian George Clark, el periodista y escritor español Modesto Lafuente.
 
Pese a no disponer en aquella época con los recursos didácticos necesarios para enseñar a una persona invidente Francisca logró aprender el latín como para expresarse en este idioma.
Desgraciadamente, el resto de los alumnos se quejaron de compartir clase con la ciega, que vestía con pobres ropas, y el profesor, muy a su pesar, no tuvo más remedio que expulsarla de la clase.
 
Pudo proseguir sus estudios de latín en 1837, cuando ya tenía 19 años, gracias a José María Melgarejo Salafranca, conde del Valle de San Juan. El conde conoció a María Francisca durante un viaje en el que paró en Manzanares y quedó tan sorprendido que la pensionó con un real diario y le pagó los estudios de latín. La buena suerte de María Francisca apenas duró un año ya que el conde decidió suspender su ayuda tras recibir una carta en la que se denunciaba que la ciega tenía mala conducta y que no estudiaba. Estas acusaciones debieron ser falsas, fruto de la envidia, ya que, sin la ayuda del conde, María Francisca prosiguió sus estudios durante tres años hasta 1840. Pagó las clases con lo que obtenía pidiendo limosnas.
 
La fama de María Francisca fue creciendo con el paso del tiempo, siendo conocida en toda España y mencionada frecuentemente en la prensa. Este reconocimiento le permitió viajar a diferentes lugares de España.
En 1850 se desplaza a Madrid para ingresar en la Escuela de Sordomudos y Ciegos, y tuvo una activa vida social siendo invitada a selectas veladas.
 
La invitación más relevante fue la de Mariano de Roca Togores y Carrasco, marqués de Molins, vizconde de Rocamora y ministro de Marina en 1850. Recibió en su casa a María Francisca con el objeto de oír sus poesías, con la presencia de relevantes figuras de la época como el ministro de Hacienda Juan Bravo Murillo, el duque de Rivas, su hijo el marqués de Auñón, el poeta Juan Nicasio Gallego, entre otros muchos.
 
Francisca comenzó recitándoles una composición en la que hablada de su propia ceguera y que decía así:
 

“Nací, y en el nacer quedeme ciega,

y lloré sin saber mi desventura:

Hoy sumida en recuerdos y amargura

sólo el llorar mi corazón sosiega.

Su luz, su resplandor el sol me niega;

nunca vi de la luna la hermosura,

ni admiré de la nieve la blancura,

ni vi este rostro que mi llanto riega.”
 
 
 
Fue tal el impacto que la intervención provocó en sus oyentes, que allí mismo todos los asistentes firmaron una instancia para conseguirla una pensión. Tras el paso de un tiempo finalmente la reina Isabel II se la concedió, y pudo dedicarse a las letras sin tener que mendigar sus poemas por las calles a cambio de unas pocas monedas.
 
Sin embargo, un año más tarde la Comisaría General de la Cruzada fue disuelta y, por tanto, perdió esta ayuda económica. Así, continuó viviendo de la mendicidad y en 1865 tuvo que viajar a Madrid para solicitar que le dejaran pedir limosna en el interior de la estación de tren de Manzanares, ya que solo le permitían hacerlo en los andenes.
 
En junio de 1871, la suerte pareció de nuevo sonreírle a María Francisca, ya que la poetisa Carolina Coronado, a la que había conocido en 1850, le invitó a pasar el otoño en su casa de campo. El objetivo de esta visita era “escoger entre las numerosas composiciones de la poetisa popular las que sean mejores, y encargándose de corregirlas y ordenarlas, publicará más tarde un tomo, con un prólogo escrito por ella, cuyo producto formará un pequeño capital” para el sostenimiento de María Francisca. Pero esta iniciativa no llegó a buen puerto y el libro no fue publicado, privándole de esta posible fuente de ingresos.
 
En 1874 ganó un premio literario en los juegos florales de Zaragoza, que era un certamen poético.
 
María Francisca falleció en Manzanares el 26 de julio de 1894, a los 75 años de edad, siendo recogida la noticia en un medio tan relevante como la revista Blanco y Negro.
Desde 2014 es hija predilecta de Manzanares.
 
 
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https://institutomujer.castillalamancha.es/centro-de-documentacion-y-biblioteca-luisa-sigea/enciclopedia-de-mujeres-oliva-sabuco/mujeres/ciudad-real?page=1
http://www.manzanareshistoria.es/2019/04/la-ciega-de-manzanares-maria-francisca.html
http://www.demadridalanube.com/2017/03/francisca-diaz-carralero.html